Punto de vista
Nicolás Dávila Peralta
nikodape@hotmail.com
30/08/10
¿QUIÉNES SON LOS NINIS?
Un nuevo término se ha creado para referirse a un aspecto grave de la crisis de la juventud: los jóvenes ninis , es decir, hombres y mujeres de 15 a 25 años que ni trabajan ni estudian. Ellos son los ninis .
Hace medio siglo, los jóvenes podía elegir entre dos opciones: estudiar: primaria, secundaria y en algunos casos preparatoria y estudios profesionales, o trabajar, porque había escuelas y había fuentes de trabajo. Los ninis eran llamado vagos e indudablemente eran escasos, jóvenes desadaptados, sin oficio ni beneficio.
Hoy, por el contrario, el crecimiento demográfico, el desequilibro económico y la incapacidad de los sectores público y privado para responder a la necesidades educativas y laborales de la población han provocado que en México, más de un millón de jóvenes se encuentren sin oportunidades de estudio y sin posibilidades de trabajo.
De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), para julio de este año, había 2 millones 600 mil mexicanos con capacidad de trabajar, desempleados, lo que significa pobreza extrema para diez millones de personas, por lo menos.
Las escuelas y universidades están saturadas o son caras, la economía de las familias está desde hace 30 años en crisis y el empleo es escaso y mal pagado. Se añade a esto que jóvenes que concluyen una carrera, técnica o profesional busquen sin éxito una oportunidad de trabajo de acuerdo a su nivel de estudios.
Aquí en el sur, la respuesta de estos jóvenes ninis ha sido la migración hacia los Estados Unidos, en el mejor de los casos; migración que hoy es frenada por las leyes antimigrantes del país del norte y que provocan el retorno de cientos de jóvenes que, además de engrosar las filas de los ninis , crean bandas y se exponen a un riesgo en muchos aspectos mortal: ser reclutados por el crimen organizado.
El rector de la Universidad Iberoamericana Puebla, el sacerdote jesuita David Fernández Dávalos puso el dedo en la llaga al afirmar, durante su informe de labores al frente de esa institución, que “la delincuencia organizada representa una opción de vida viable para los jóvenes entre 12 y 17 años de edad”.
¿Qué hacer frente a esta realidad?
Dos aspectos, a mi juicio, deben ser tomados en cuenta.
El primero, es que el modelo económico que nos vendieron los niños bien egresados de universidades extranjeras y que tomaron el poder a partir de 1982, ha fracasado. La economía de libre mercado ha traído un escandaloso acaparamiento del capital. Tenemos a uno de los hombres más ricos del mundo, frente a cincuenta millones de mexicanos en la pobreza.
Los dos últimos gobiernos, de corte panista, han seguido el mismo modelo, incrementando el número de pobres, restringiendo los salarios, frenando el empleo y dando pasos erróneos en materia de educación.
Terminar con los ninis , implica un cambio del modelo económico, por otro que garantice la justicia social, el empleo y la educación.
Pero eso no basta, es necesaria la educación y ésta en dos sentidos. Uno, la educación familiar que implique valores de justicia, equidad, honestidad y de responsabilidad. Otra, la educación social que requiere acciones firmes y efectivas de combate a la corrupción, a la impunidad, a la injusticia.
Y esto, no es sólo tarea de un gobierno o de un líder carismático, es tarea de todos y cada uno de los mexicanos.
Todos los miembros de la sociedad debemos tener presente la gravedad del problema de los ninis , porque el ni estudio ni trabajo, abre las puertas a la delincuencia, a la drogadicción, a la depresión y en muchos casos, al suicidio.
Retazos
En un rancho de Tamaulipas, 72 migrantes centro y sudamericanos (58 hombres y 14 mujeres) fueron asesinados por narcotraficantes, quienes solicitaron rescate a ellos o a sus familiares residentes en los Estados Unidos o, en su defecto, unirse a las bandas delictivas. Al negarse a las dos opciones, los fusilaron incluso propinándoles el tiro de gracia.
Esta masacre viene a reforzar la mala imagen de México en el extranjero, como un país violento, inseguro.
Pero la migración seguirá mientras el desequilibrio económico obligue a los pobres de América Latina a buscar mejores oportunidades en los Estados Unidos, para superar esa pobreza que es un escándalo frente a la forma en que empresarios y políticos se enriquecen sin rubor ni vergüenza.
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