Bestiario Biblico
Por Manuel Alejandro Moreno Álvarez
23/08/10
Bestiario Bíblico Es posible calificar de muchas formas la actitud y las declaraciones del arzobispo de Guadalajara Juan Sandoval Íñiguez y del vocero de la arquidiócesis primada de México Hugo Valdemar Romero: ridículas, intolerantes, insolentes, de palabras venenosas que se contradicen con la esencia de los mandatos bíblicos, el amor al prójimo; pero sólo puede identificarse de una manera el fin de esas acciones, pues los tintes políticos y difamatorios son obvios, mantener pues, el retraso de nuestro núcleo social, retorciendo y manipulando la moral de los mexicanos, una moral impuesta precisamente por la religión, el factor que nos ha mantenido temerosos de las “repercusiones divinas” de nuestras acciones terrenales, su conveniencia de hacernos vivir con miedo para hacernos creer que ellos son los encargados de sanarnos; la idiosincrasia mexicana está dictada y sostenida por parámetros y filosofías religiosas, desde los púlpitos se nos indica cómo vivir, como interactuar, como votar y desde siempre, como amar. Lo curioso del caso y lo que, de formas individuales debemos pensar y pensar, son la serie de absurdos de las miles de religiones, aunque, en este caso lo puntual es analizar los de la religión católica; en su discurso hacia la defensa de la familia, la iglesia católica es la menos indicada para opinar, pues no conocen una familia en la práctica (salvo el legionario de Cristo, Marcial Maciel que tenía tres), las convenciones para unir a dos personas de sexos opuestos no los hacen expertos en el tema, pues hoy, la familia “tradicional” no es un ejemplo digno de seguirse, la pareja heterosexual es en muchos casos disfuncional, infiel, se ha enfrascado en los temas más banales olvidando que su función principal es el construir el núcleo para desarrollar ciudadanos íntegros, la pareja tradicional delega sus obligaciones en medios inadecuados, fáciles, no está formando--y lo demuestra esta crisis de valores que hoy vivimos--ciudadanos capaces y libres pensantes, pues les transmiten toda serie de prejuicios, miedos e intolerancias que ellos heredaron de su formación como buenos católicos.
En relación con el tema del sexo, la Iglesia católica tiene demasiados yerros, pederastia en su interior, doble moral para proteger a los culpables de los abusos sexuales de cientos de infantes en el mundo (eso explica su interés por no darles un hogar a los niños que carecen de él) el oscurantismo que convierte al sexo un tabú que, al negar la información o prohibirla, ha provocado la ignorancia en las poblaciones, propiciando los contagios sexuales, las muertes por VIH-SIDA, avergonzarse de la condición humana en el sexo, provocando sentimientos de culpabilidad, negando el cuerpo humano y anteponiendo dogmas absurdos, oscurantistas, tan primitivos como las tradiciones más arraigadas de esta religión y muchas otras con menor capital humano, pugnan por mantener adormecidas las mentes de los clientes que día a día, domingo a domingo llenan las arcas de estas instituciones.
Es de celebrarse la acción de Marcelo Ebrard y el PRD-DF, pues mantienen la esencia que construyó a este partido, la de velar por los derechos de los grupos vulnerables y más menospreciados, insertándolos en el desarrollo de la modernidad necesaria para la evolución de las sociedades en general, pues los derechos de “los pocos” garantizan los de las mayorías, los sostienen y los refuerzan. La demanda civil interpuesta tanto por el titular del gobierno de la Ciudad de México marca un precedente en nuestra historia y remarca, una vez más, la necesidad de dejar de forma clara y fuerte, que habitamos un Estado Laico y que en materia de actos civiles suscritos hace más de 140 años por el Presidente Benito Juárez, debe, sin titubeos, imponerse y remarcarle a los ministros religiosos que hay una separación definitiva entre asuntos civiles y asuntos religiosos.
Es vulgar la actitud de los llamados seguidores de Cristo, al acusar sin, seguramente, pruebas reales, de “maiceo” a los ministros de la Suprema Corte de Justicia del Distrito Federal (SCJDF) sólo para, llenos de resentimiento, denostar la aprobación de la ley de adopción por parejas homosexuales, para al mismo tiempo acusar de forma fascista que el PRD en el DF es un peligro y hacer un llamado a no votar por este partido pues, según sus perversiones fanáticas religiosas, “desatarán una persecución religiosa del siglo XXI”. La realidad es que la iglesia si está, con estos actos, desatando una persecución religiosa de grupos de la sociedad como en el siglo XVIII, el siglo en el que vive el arzobispo Sandoval Íñiguez y muchos de los miembros de esta religión. Los derechos civiles no son un asunto de creencias religiosas, son un asunto de derechos humanos, de igualdad y del derecho universal de la NO DISCRIMINACIÓN , pues la democracia encierra significados acerca de la relatividad de la vida, de las decisiones, de la tolerancia y de lo colectivo; todos, incluso Sandoval Íñiguez, en su demencia senil tenemos derecho a defender lo que creemos, pero de lo que no tenemos derecho es que estas convicciones personales sean “las convicciones de la sociedad”, este arzobispo no sólo ha sido ofensivo y agresivo a la convivencia pacífica del respeto mínimo, sino que se muestra profundamente antidemocrático, retardatario y feroz, violador de la ley electoral pues llama a no votar por un partido, aun existiendo en el COFIPE una sanción por el artículo 130 constitucional para ministros religiosos que metan las narices de forma directa en asuntos electorales.
Además, en asuntos estéticos, tanto el arzobispo como el vocero de la arquidiócesis, los representantes de Dios en la tierra, hacen gala de su vocabulario soez, vulgar, provocador e incendiario, que se contradice con el amor que predican, con el temor que infunden, con las confusiones literarias de la biblia que celebran, después se extrañan que cada vez tienen menos feligreses en sus edificios de piedra y madera, dispuestos a oír sus letanías llenas de intolerancia y odio al prójimo. |