Libertad de expresion y otros cuentos
Por Manuel Alejandro Moreno Álvarez
28/02/11
Es un derecho establecido en la constitución de nuestro país, es también, un tema del que todos hablamos y apelamos tener derecho; pero, ¿realmente somos los mexicanos, poseedores de la libertad de expresión? Para algunos y en mi personal punto de vista, la libertad de expresión es un ensayo incompleto de nuestra democracia a medias; los que opinamos y tenemos una plataforma en algún medio, el que sea, podemos decir que en efecto, la libertad de expresión existe, pero no en toda su dimensión justa y necesaria para poder aspirar a ser un país verdaderamente libre y soberano. México, es dueño de una historia turbia en relación con los derechos humanos, su anulación y ruptura sistemática son un asunto cultural, y aquí, los derechos de libertad de expresión no son la excepción. El ciudadano promedio no tiene acceso a los medios de información, ni siquiera tiene acceso a la información, pues se han construido muros virtuales en donde todos podemos opinar de lo que sea, cuando sea y en donde sea, pero nadie trasmitirá en cadena nacional dichas opiniones. De por sí, la generación de la opinión abierta y libre no forman parte de nuestra canasta básica de derechos civiles y políticos, el temor a decir lo que se piensa, lo que se cree, lo que es obvio, el miedo a ofender temperamentos sensibles aunque lo que se diga sea verdad, son parte de nuestra cultura arraigada por décadas e impuesta a fuerza por el sistema que nos ha dictado los cánones de conducta social, política y de “éticas” moralinas del prejuicio. Así, podemos hablar de todo, siempre y cuando no sea en contra del sistema. Los eventos nacionales, globales y locales son medidos desde una visión prudentemente incompleta, es cierto que quien ejerce el derecho de opinión no puede ir por la vida irrumpiendo con opiniones irresponsables y agresivas sin fundamentos en contra de enemigos o políticos o imaginarios; pero tampoco, el “líder de opinión” puede ser complaciente y miope, a hechura del stablishment y demasiado cercano al oficialismo; pues ahí es donde empiezan los límites de la libertad de expresión y se traspasan a los de voceros oficiales.
A nivel global el fenómeno WikiLeaks ha expuesto la mentira que los países desarrollados habían implantado a lo largo del tiempo, el discurso demagógico en donde ellos son los guardianes de la libertad de expresión, pues la filtración de los documentos más oscuros del imperio norteamericano que como daños colaterales embarran a sus lacayos políticos, han demostrado que Estados Unidos hace lo posible y echa a andar todo tipo de argucias para detener a quien atente contra su “seguridad nacional” aun haciendo válida la inaplazable obligación que significa la libertad tanto de expresión como de información; es un hecho que aun existiendo la imposibilidad de parar cualquier tipo de información en la red cibernética, este medio es limitado aun en las sociedades de masas, pocos tienen acceso a estos medios más democráticos, y en el afán de frenar la verdad, Estados Unidos y cualquier otra potencia que vea afectado su statu quo buscará otros medios para acallar a quienes intenten irrumpir su tranquilidad. A nivel nacional, desde la dictablanda priista y sus años de oro, el acallar las manifestaciones de disidencias era parte de la política de estado, sus vías iban desde la fuerza bruta hasta medios más sofisticados; desde la colonia, pasando por el porfiriato y aun en nuestros días, los gobiernos se encargaron de no suministrar a las masas la educación básica para que éstas no sólo no pudieran exigir, sino que ni siquiera supieran leer, así los medios alternativos de la época antes de las revoluciones en nuestro país, estaban al margen de estas masas; sin embargo, la necesidad del ser humano por querer saber y tener certezas en tiempos efervescentes del hartazgo colectivo hacían buscar alternativas de información, aquellos que sabían leer y escribir se encargaban de informar a las masas en lecturas colectivas en plazas públicas. Después, en los años de instauración priista en el país, los movimientos armados y los grupos clandestinos fueron arrinconados y agredidos en una guerra de baja intensidad que se ha prolongado hasta nuestros días, los medios como la legendaria revista Por esto! Por dar un ejemplo eran motivo de agresiones del estado en los años sesentas y setentas, en donde sus instalaciones eran saqueadas, confiscadas y destruidas, se les negaba el papel prensa y se les acorralaba hasta desaparecer, sus periodistas y directores eran víctimas de persecución y hasta desaparición o exilio. Mientras tanto, los gobiernos en turno hablaban de la libertad de expresión y de la justicia en nuestro país, según su época. Hoy, y a partir de la invención y popularización de los medios electrónicos como la televisión y la radio, todo gobierno de vocación dictatorial como hasta hoy lo han sido el PRI y el PAN indistintamente, tiene un aliado de facto que se encarga de trasmitir los intereses particulares, en donde la mentira, el gobierno y los medios son una misma industria del adormecimiento. Los canales más importantes imponen las líneas de la información que debe fluir, piensan por nosotros y nos hacen creer que estamos informados de nuestra vida pública. Nos crean villanos y héroes. Los medios masivos hoy son oficialistas y atienden a intereses únicos y privados, que no tienen nada que ver con los colectivos, para ellos sólo existe lo que ellos quieren que exista, lo que no les conviene es entonces, reducido a una falacia sin importancia del interés público. Los medios alternativos siguen siendo agredidos y los principales personajes y figuras representativas de la libertad de expresión y la ética periodística, eliminados del escaparate púbico; por ejemplo, las agresiones en conjunto que el influyente semanario Proceso ha padecido a lo largo de los sexenios de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y su esposa Martha Sahagún y hoy el más reciente de Felipe Calderón y el monopolio televisivo Televisa, aquí la calumnia y la difamación son la premisa por muy obvios y burdos que sean los métodos. El gobierno de Calderón ha demostrado que no tiene escrúpulos por tratar de eliminar lo que le estorba, no importándole que sus métodos sean cada vez más autoritarios y su imagen cada día se deteriore mucho más. La más reciente envestida a la libertad de expresión es el despido injustificado que la periodista Carmen Aristegui sufrió de MVS radio, Aristegui es una líder de opinión influyente y de alta credibilidad periodística, precisamente por esto ha sido víctima de las envestidas de los gobiernos panistas, en 2008 fue sacada del aire de la W radio al no querer esta empresa de Televisa y su asociada española PRISA reanudarle su contrato, aun siendo su programa el de mayor raiting en la radio del país, la causa fue el tratamiento crítico que esta periodista daba al caso de la Ley Televisa y sus múltiples licitaciones con el gobierno calderonista. En el caso de MVS radio Aristegui sólo recibió la notificación de la radio difusora por “haber trasgredido el reglamento ético” de dicha empresa de medios. La llamada trasgresión constó en que en su programa del viernes 4 de febrero, Carmen dio cobertura a una manifestación en la cámara de diputados en donde los legisladores del PT expusieron una manta que acusaba a Felipe Calderón de tener problemas con el alcohol. Aristegui sugirió un comunicado de Los Pinos, para esclarecer la acusación, que, como ella también señaló, es motivo de comentarios en internet y las redes sociales; sin embargo, ese tratado crítico enfureció a Calderón, quien inmediatamente pidió una disculpa pública de Carmen en su programa de radio, la oficina de comunicación de Los Pinos envió una carta que esta, Carmen, tenía que leer en el programa, negándose ella, al siguiente lunes MVS radio había retirado su programa del aire y anulado el contrato con la periodista. Aunque esta empresa anunció la reinstalación de Aristegui, el daño a la libertad de expresarse y la imparcialidad de dicha empresa ya está hecho.
Quienes formamos parte en el carrusel de los medios, locales, nacionales o en sus casos, internacionales, sabemos que tenemos dos tipos de límites que no se pueden trasgredir, los de la ética personal y los que nos impone el sistema de cosas que vivimos, un sistema desigual en donde la opinión y el análisis siempre pesan, un sistema en donde además quienes opinan somos piezas sustituibles medidas según los parámetros profesionales y éticos de quienes dirigen los medios en los que participamos, así, según mi punto de vista todos los medios deberían ser independientes como algunos pocos que hoy existen y hacer valer su derecho a existir.
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